viernes, 5 de abril de 2013

Caducidad y desperdicio de alimentos



La vinculación entre fecha de caducidad y desperdicio de alimentos comienza a estar presente con más frecuencia en los debates alimentarios. Recientemente la estrategia “Más alimento, menos desperdicio” presentada por el Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, que tiene como objetivo limitar las pérdidas y el desperdicio de alimentos, ha vuelto a poner en la palestra esta cuestión.
En las conclusiones del último Barómetro del Clima de Confianza del Sector Agroalimentario, el 59,2 por ciento de los españoles tira los productos caducados frente a un 20,7 por ciento que los consume si no ha pasado mucho tiempo desde que se ha cumplido la fecha de caducidad. Además, entre los productos cuya caducidad se comprueba con más frecuencia se encuentran los lácteos (42,1 por ciento), las carnes y los pescados (24,5 por ciento).
Sin embargo, parece que en nuestro país las cosas van a ir cambiando aunque sea a golpe de ley. Por ejemplo, en relación con la norma de calidad del yogur, Arias Cañete también recordó la publicación durante la semana pasada de un Real Decreto que deroga la especificidad exigida al etiquetado de este producto, en cuanto a la indicación de su fecha límite de venta. Es decir, de fecha de caducidad se pasará a fecha de consumo preferente. “Así, y cumpliendo con las reglas horizontales de toda la UE,  los operadores tienen ahora todas las herramientas en la mano para delimitar las fechas de consumo preferente o de caducidad, según corresponda, de sus artículos”, especificó el ministro.
La fecha de consumo preferente se fija en función de las cualidades organolépticas (sabor, olor…) del producto, e indican que pasado ese límite, si se ingiere no hay riesgo para la salud pero no hay garantía de mantener las propiedades.
La fecha de caducidad se establece en función de la vida útil del alimento, esto es, desde el punto de vista microbiológico. Así, a partir de esa indicación no se puede consumir porque puede producir algún tipo de toxiinfección en el consumidor. Sí hay riesgo para la salud y es, por tanto, un tema de seguridad alimentaria.
Teniendo en cuenta la diferencia entre ambas especificaciones es llamativo que se pueda pasar de un concepto a otro cuando parece estar en juego la salud. Para establecer la vida útil de un alimento la industria se encarga de realizar un estudio empírico que la justifique, pero según cuenta Iván Nieto, director de desarrollo internacional Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA), generalmente se juega con unos márgenes a la hora de delimitar el consumo de un producto. También afirma que si se quiere prolongar la fecha de caducidad habría que implantar, por ejemplo, técnicas de conservación más duraderas algo que a la larga puede afectar a la calidad de los alimentos.
Clavesdemujer ha intentado contactar con la industria láctea, pero aún no ha obtenido respuesta. Cuando así sea se expondrán sus comentarios.




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