viernes, 30 de agosto de 2013

Jean M. Auel, la autora de la Prehistoria




El clan del oso cavernario, el primer libro de la serie Los Hijos de la Tierra, escrita por la autora estadounidense, Jean M. Auel, llegó a mis manos por una recomendación. Nunca había leído ninguna novela que se desarrollara en la Prehistoria y decidí acercarme al primer volumen -son seis en total-, a ver qué me encontraba.
El resultado fue más que satisfactorio. No pude evitarlo, la historia de Ayla, la protagonista, una niña Cro-Magnon cuya forma de vivir se verá modificada tras perder a su familia en un terremoto y ser recogida por una tribu de neandertales, me enganchó y fui leyendo uno tras otro los cinco libros restantes:
El valle de los caballos, Los cazadores de mamuts, Las llanuras del tránsito, Los refugios de piedra y La tierra de las cuevas pintadas.
La primera novela, publicada en los años 80, tuvo mucho éxito. De hecho, hay una adaptación cinematográfica protagonizada por Daryl Hannah, sin embargo no tuvo muy buena acogida de público e incluso Auel estuvo disconforme con la misma. En este caso, el libro supera con creces a la versión de la gran pantalla.
La historia de Ayla es atrayente porque muestra dos formas de vida (Cro-Magnon y Neandertal) que probablemente convivieron durante un tiempo y las diferentes creencias y maneras de sobrevivir de cada una. La saga va mostrando la evolución de la niña, cómo se va adaptando al medio, a la naturaleza o a los animales que la rodean. Después, descubrirá el amor con Jondalar, otro personaje crucial, e irá encontrándose con otras cosas totalmente desconocidas para ella. Aprenderá a convivir con tribus de su misma especie e irá viendo cuán diferentes costumbres existían ya entonces.



Fotogramas de la adaptación cinematográfica


Ayla es un personaje en cierto modo heroico, pues cuando convive con los neandertales la consideran extraña y "fea", entre otras cosas, por sus evidentes diferencias físicas, y esto la marcará, de hecho al reencontrarse con los suyos también seguirá siendo un ser raro precisamente por haber pasado parte de su infancia en un clan neandertal.
De este modo, la autora nos va mostrando la forma de vida de la era glacial: cómo la humanidad de entonces se las ingeniaba para hacer fuego, para cazar, para pasar el invierno y el contraste entre cromañones y neandertales.
La relación de nuestros antepasados con las plantas y la naturaleza, en general, es también un aspecto característico de estas novelas.
Tres décadas ha tardado Jean M. Auel en transmitirnos cómo vivían nuestros antecesores. Sus años de investigación y dedicación han valido la pena. De la lectura de estos libros se pueden sacar muchas conclusiones y aunque en ocasiones se hacen un poco pesados porque la escritora es demasiado descriptiva en determinados momentos, en mi opinión leer la serie Los hijos de la Tierra, es una buena forma de aprovechar el tiempo.
La tierra de las cuevas pintadas
, es el culmen de tan magnífico trabajo, o tal vez no. Nunca se sabe. Desde mi punto de vista la obra finaliza dejando abierta la posibilidad de editar un séptimo volumen.


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