Con la llegada de la primavera y el verano, la piel cambia. Tal y como explica el doctor Alejandro Martín-Gorgojo, dermatólogo del Grupo de Dermatología Estética y Terapéutica (Gedet) de la AEDV, “fisiológicamente, responde al aumento de temperatura con una mayor actividad de las glándulas sebáceas y sudoríparas. Pasamos de la vasoconstricción invernal a una vasodilatación por el calor, lo que incrementa las rojeces. Además, al pasar más horas al aire libre, aumenta la exposición al "exposoma" primaveral: radiación ultravioleta, polución (empeora la calidad del aire) y alérgenos. Esto activa los melanocitos y acelera la producción de radicales libres, desencadenando procesos de estrés oxidativo e inflamación silenciosa mucho antes de la primera quemadura solar”.
Claves de Mujer (CDM)
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