La lactosa es una sustancia presente principalmente en la leche de cualquier animal. A veces ocurre que nuestro cuerpo no es capaz de digerirla y al ocurrir esto se produce intolerancia a la lactosa, es decir, el problema surge “cuando el organismo no produce suficiente cantidad de lactasa, que es la enzima responsable de descomponer la lactosa en otros azúcares más simples y sencillos de absorber por el intestino”, explica Eduardo González Zorzano, asesor médico de Laboratorios Cinfa. El problema de esta enfermedad es que en la mayoría de las ocasiones no se detecta como tal, pues genera síntomas que se confunden con otras patologías digestivas: dolor e hinchazón abdominal, diarrea, flatulencias, retortijones, vómitos o náuseas.