En un momento inesperado del día, tras cuatro semanas de confinamiento , cuando las jornadas son casi iguales, y ya no distingues entre lunes, miércoles, sábado o domingo, se ha colado por la ventana de mi habitación un diente de león. Blanco, efímero y volando hacia ninguna parte me he fijado en él y dado que los humanos tenemos la costumbre de otorgar de simbología a casi todo, he pensado que este molinillo, seguro, debía guardar un significado. Me he puesto a indagar y efectivamente así es, pero lo mejor de todo ha sido que además de tratarse de una flor a la que se atribuyen leyendas de todo tipo, su presencia está ligada a una gran energía y positividad. Entonces he llegado a la conclusión de que el haberme encontrado con ese retazo de naturaleza solo podía tener un sentido y es que algo bueno iba a acontecer en mi vida.
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