viernes, 26 de abril de 2013

Saltos de agua




Las copiosas lluvias de parte del invierno y la primavera han cubierto de un manto verde a casi la totalidad de la Península Ibérica. Flores y plantas muestran sus colores con más intensidad que nunca y el agua salpica el paisaje como mucho tiempo atrás no lo hacía, al menos en algunos parajes.
Este año se presenta interesante para acercarse a esos lugares que muestran su máximo esplendor debido a las precipitaciones torrenciales de los últimos meses y a consecuencia del deshielo, que añade más donde ya abunda.
Son muchos los ejemplos que cubren la orografía española, pero de momento sólo recogemos tres saltos de agua especialmente hermosos, aunque sin desmerecer a los otros que sin duda refrescan y embellecen el territorio peninsular.

Primero, nos acercamos al salto del Nervión, ubicado dentro del Monumento Natural de Monte Santiago que se sitúa en el extremo nororiental de la provincia de Burgos, justo en el límite con el País Vasco.  La caída de este río, de más de 300 metros de altura, forma una espumosa cola de caballo mientras muestra su espectáculo rodeada de un no menos vertiginoso anfiteatro de roca caliza. La vista se pierde al mirar el chorro que cae precipitadamente fino y elegante, pero veloz, y un ligero vértigo se adueña al asomarse por aquellos recortes que desafían a la ley de la gravedad.
El paseo hasta el salto de agua es espectacular pues se ha de atravesar un frondoso y bien conservado hayedo sobre el que da gusto caminar.
Monte Santiago
Salto del Nervión


















La comarca de Los Arribes del Duero, en la provincia de Salamanca encierra una cascada singular consecuencia de uno de los brazos del Duero, su afluente conocido como el río Uces. La pared que el Uces humedece a su paso es rocosa, escarpada y escalonada. Algo más de 50 metros hacia abajo que se pueden contemplar al borde de una plataforma, sintiendo el roce del agua mientras el ruido impide mantener una conversación en tono normal. No obstante, en esos momentos, al borde de la baranda, la subyugación a la que somete la naturaleza del entorno no invita a hablar, sino sólo a contemplar.
Aunque el acceso es bueno y no existe riesgo no hay que descuidarse, pues recientemente ha ocurrido algún triste suceso quizá por un exceso de confianza. El agua sobre la roca plana es muy resbaladiza y un traspié en aquella parte puede resultar incluso mortal. 


Pozo de los Humos

Plataformas en el Pozo
En Somosierra, en la  Sierra Norte de la Comunidad de Madrid, un salto de agua orada el paisaje al margen de la carretera de Burgos o N-I. Quienes hayan tomado esta autopista en alguna ocasión y hayan pasado por este punto lo habrán podido atisbar aunque sea a cierta velocidad. 
Para contemplarlo de cerca hay que desviarse en dirección al pueblo de Somosierra, coger la vía de servicio y al comienzo de la bajada del puerto montañoso la misma cascada se muestra a la diestra en todo su esplendor. Acercarse a sus pies y palpar su precipitado chapoteo es sencillo, basta seguir un sendero corto (de entre uno y tres kilómetros) que permite apreciarla en toda su magnitud. Se la conoce como la Chorrera de los Litueros o Cascada del Chorro y tiene su origen en la confluencia de varios arroyos de las cumbres que le preceden en Sierra Cebollera. Su caudal corre vertiginoso y traspasa la frontera madrileña para alumbrar el segoviano río Duratón.


Chorrera de los Litueros

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