jueves, 26 de septiembre de 2013

Julia Navarro habla de su última novela


La escritora y periodista se reunió con un grupo de bloggers en la sede madrileña del grupo editorial Random House Mondadori, concediendo a cada uno de los asistentes una pequeña entrevista para hablar de su última novela: Dispara, yo ya estoy muerto (Plaza&Janés).

"Todos venimos a este mundo con un 'pack' debajo del brazo"
 

Entrevista Julia Navarro


Julia Navarro lo quiere dejar bien claro, su nueva creación literaria, Dispara, yo ya estoy muerto, “no es histórica ni política, es una novela de personas corrientes, de seres humanos metidos en su propio laberinto vital, de personas comunes, no heroicas, como cualquiera de nosotros, con todas las luces y con todas las sombras que conlleva la existencia."
La historia se centra en dos familias, los Zucker de origen judío, y los Zaid, de procedencia árabe, que se verán enzarzadas en vericuetos insospechados por las situaciones que les rodean, ya sean políticas, religiosas o socio-económicas.
Comienza a finales del siglo XIX y finaliza justo cuando estalla el conflicto árabe-israelí, en 1948. Durante todo ese periodo se van narrando por un lado los acontecimientos que rodean a los Zucker, afincados en Rusia y en donde se verán asediados por los progomos (linchamientos multitudinarios), y por otro, la vida de los Zaid, musulmantes asentados en Palestina y que el destino unirá a los Zucker, entablando una fuerte amistad que se verá condicionada por las circunstancias.
 

¿Por qué eliges ese momento histórico?
Realmente no elijo ese momento, elijo otra cosa. Como quiero escribir de las circunstancias le doy vueltas a la cabeza y pienso en tres escenarios. Situar la novela en Yugoslavia, cuando la guerra serbo-bosnia, situarla en los Grandes Lagos de África, con el conflicto entre los hutu y los tutsi, o en Oriente Medio. ¿Por qué? Porque es una forma muy clara de explicar, de reflexionar sobre lo que yo quiero, de cómo las circunstancias que nos tocan vivir nos determinan de una manera u otra. Y, sobre todo, cómo a veces las decisiones que toman otros condicionan nuestra propia existencia convirtiéndonos en actores de una obra que no es la que nosotros hemos escogido. De eso es de lo que yo quería escribir, por eso la novela empieza en 1880 y termina en 1948 que es cuando estalla el conflicto.
 

Sí, pero realmente explicas el origen del conflicto…
Explico cómo las circunstancias van determinando la vida de dos familias que viven apaciblemente, pero una ha llegado a este mundo con un pack y la otra con otro, y cómo las circunstancias de unos y otros les hacen que en un momento determinado tengan que hallarse en bandos diferentes. Todos venimos a este mundo con un pack debajo del brazo que comprende el momento histórico que nos toca vivir, la situación geográfica en la que nacemos, la religión, aunque luego cada uno puede hacer lo que quiera, y la situación socioeconómica por origen familiar. Con esos mimbres tenemos que construir nuestras vidas y esos mimbres, nos guste o no, de alguna manera determinan parte de nuestra existencia. Naturalmente los seres humanos somos libres para decidir, para cambiar las cosas, pero a veces no puedes o no sabes cómo escaparte. Esto es para mí lo importante de esta novela, aunque luego cada lector puede interpretar lo que quiera. Se trata de hablar del conflicto de unos personajes y no de un conflicto político, por eso he utilizado dos voces que se corresponden con dos comunidades distintas, eso sí, estableciendo una distancia para que sean ellos los que hablen.
 

A través de esas dos voces dibujas la situación de ambos bandos con bastante imparcialidad, al menos desde mi opinión, ¿cómo llegas a esa objetividad, tal vez tenga que ver tu formación periodística?
Mi intención ha sido alejarme del conflicto del que yo evidentemente tengo mi propia opinión, y dejar que sea el conflicto humano de una comunidad y de otra el que vaya aflorando a lo largo de la novela. Los periodistas tenemos la obligación de intentar por lo menos, ser objetivos, es decir, la objetividad absoluta nunca existe, pero se trata de procurar ser imparciales por lo menos al
contar los hechos, y luego después que sean los lectores los que saquen sus propias conclusiones a no ser que sea un artículo de opinión donde el periodista evidentemente da su opinión. Sin embargo, si se realiza una crónica o un reportaje lo que se debe hacer es ir a tal sitio y decir esto es lo que he visto, esto es lo que me han contado. Entonces, yo lo que he hecho es dejar que mis personajes hablen. Alejarme de ellos, de lo que cuentan. Tenemos la voz de la familia Zaid, y la voz de la familia Zucker, y dejo que ellos se expresen y reflejen su laberinto vital. 

En esta novela los protagonistas son hombres, pero las mujeres desempeñan papeles cruciales. A mí, por ejemplo, me ha llamado la atención Kassia, mujer judía que pones al frente de esa comunidad especial, La Huerta de la Esperanza, que crean las dos familias principales en tierras palestinas, ¿por qué sitúas a una mujer al frente?
Porque las mujeres son como la argamasa de mi novela, no son las protagonistas, pero sin ellas no se entiende la historia. ¿Por qué la elijo? Porque decido hacerlo, no por nada en especial. Muchas de las personas que llegan a Palestina de Rusia a finales del siglo XIX y principios del XX huían de los progomos no solamente por ser judíos sino porque eran militantes de izquierdas y surgen muchas mujeres comprometidas con una visión de la vida y una fuerza que está reflejada en otros aspectos o libros, y me pareció que ese personaje encajaba de esa manera. Yo he conocido a mujeres así en mis viajes por Oriente Próximo y me parecía que no podía ser de otra manera. En realidad, para los judíos el papel de las mujeres es muy importante, también para los musulmanes…
 

Pero, no influyen de igual forma, ¿no?
No, no hay diferencia. Dina, que es la protagonista por parte palestina, es una mujer absolutamente determinante en la vida de su familia. Ella ejerce su influencia de otra manera, claro, la cultura o la religión determinan la forma de movernos en la vida. El papel que ejerce Kassia resulta más evidente en todo lo que hace o dice. En Dina, es más sutil, pero no es menos eficaz y menos influyente, es otra manera de estar, otra forma de manifestarse. El personaje de Dina a mí me encanta me parece que posee una dimensión y humanidad extraordinaria, es uno de mis personajes favoritos.
 

Al igual que en tu anterior éxito, Dime quién soy, has empleado el recurso de varias voces que van contando los hechos, ¿por qué?
Es un recurso para mí muy fácil y me hace sentirme a gusto. Es una forma más de contar algo, alguien que se sienta a narrar una historia que es la que yo quiero transmitir. En Dime Quien soy utilicé múltiples voces, y en esta sólo empleo dos.

Son muchos los personajes que aparecen en el libro, ¿has necesitado hacer un árbol genealógico para aclararte?
Primero pienso la novela y no me siento a escribir hasta que no la tengo totalmente escrita en la cabeza y los personajes definidos. Luego, sí es verdad que cuando me pongo a escribir tengo un bloc donde de repente voy apuntando los años para que no haya anacronismos, pero no me hago un cuadro ni un árbol genealógico ni nada, yo la novela la tengo siempre en la cabeza.
 

Por último, una curiosidad, ¿es verdad que te levantas a las cuatro de la mañana para escribir?
Durante un tiempo combiné el periodismo con la escritura, eso me obligaba a buscar horas donde no las tenía, entonces me levantaba a las cuatro y escribía de cuatro a ocho de la mañana, y después volvía a hacerlo por la tarde. Ahora, me levanto entre las cuatro y las seis aunque no lo hago todos los días, depende.


Mi Opinión

Tras haber leído esta última historia de Julia Navarro reconozco que engancha. Hay aventura, acción y, sobre todo, invita a reflexionar acerca de cuestiones tan esenciales como la amistad, entre otras cosas. Por otra parte, y aunque este no sea el verdadero objetivo de la novela, se da a conocer una parte de la historia del siglo XX muy próxima, por lo que desde mi punto de vista es inevitable que el escenario escogido se convierta en un elemento importante de la obra. En definitiva, una lectura amena para pasar los meses de otoñales.




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