La digitalización ya es una necesidad estructural en los pueblos, pero sigue generando desigualdades
La Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) ha presentado el informe “Redes con raíces. Cohesión territorial, vulnerabilidad social e igualdad de género en el acceso a la digitalización y la información veraz”, una investigación coordinada con la Universidad Complutense de Madrid y financiada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El informe revela que la digitalización ya es una necesidad estructural en los pueblos, pero sigue generando desigualdades vinculadas a la edad, el género y el acceso a la información veraz.
El estudio analiza cómo la digitalización está transformando la vida en el medio rural y advierte de que, aunque internet se ha consolidado como una herramienta imprescindible, persisten importantes desigualdades en su acceso y uso, especialmente entre las mujeres rurales.
En ese sentido, el trabajo muestra cómo la baja autonomía digital (28% de la muestra) se concentra en edades avanzadas y un perfil fuertemente ruralizado y con mayor presencia de inactividad y desempleo.
Internet, una infraestructura básica
El informe constata que internet ha dejado de ser un recurso opcional para convertirse en una infraestructura básica para la vida cotidiana, el empleo y la participación social en los pueblos.
Sin embargo, el acceso a las competencias digitales no es homogéneo. La brecha digital se cruza con factores como la edad y el género, generando situaciones de vulnerabilidad para quienes no cuentan con habilidades suficientes para desenvolverse en entornos digitales.
El acceso a las competencias digitales no es homogéneo.
Mujeres rurales: sobrecargadas, pero más implicadas
Uno de los aspectos que destaca el estudio es el papel central de las mujeres rurales en los procesos de digitalización: participan más en formación, muestran mayor interés por las tecnologías y, en muchos casos, lideran su implicación en el territorio.
No obstante, esta implicación también implica una mayor carga: muchas tareas digitales vinculadas a la gestión del hogar, la administración o las relaciones familiares recaen sobre ellas sin reconocimiento explícito, reproduciendo desigualdades de género.
El miedo a equivocarse, la vergüenza o la desconfianza hacia la tecnología influyen directamente en el aprendizaje.Por otro lado, una de las principales aportaciones del informe es poner el foco en el componente emocional de la digitalización. El miedo a equivocarse, la vergüenza o la desconfianza hacia la tecnología influyen directamente en el aprendizaje y el uso de herramientas digitales.
Así, el informe arroja que el 47,2% está bastante o totalmente de acuerdo con que la digitalización avanza más rápido de lo que puede aprender, el 35,2% preferiría no tener que usar lo digital tan a menudo y el 40,7% está bastante o totalmente de acuerdo con que internet “ha ido demasiado lejos”.
En este contexto, el papel de las redes comunitarias (familia, asociaciones como Fademur o formadoras) resulta clave para acompañar los procesos de aprendizaje y reducir la brecha digital.
En ese sentido, los hijos e hijas constituyen el principal recurso de apoyo (44,5%), seguidos de la Inteligencia Artificial (37,6%), amigos/as (28,3%), técnicos/as especializados/as (22,4%), otros familiares (16,9%) y la pareja (16,6%). El apoyo institucional resulta muy débil, casi inexistente: los servicios públicos alcanzan el 9,3% y las organizaciones no gubernamentales y asociaciones el 9,0%.
Redes sociales: altavoz y oportunidad para el mundo rural
El informe también analiza el papel de las creadoras de contenido de temática rural, que utilizan las redes sociales para combatir estereotipos, visibilizar el trabajo en el sector primario y generar nuevas oportunidades económicas.
Estas mujeres convierten lo digital en una herramienta de emprendimiento, diversificación de ingresos y construcción de un relato más realista y actualizado del medio rural.
Desinformación y riesgos digitales
Respecto a la desinformación, el estudio advierte además de la vulnerabilidad frente a la desinformación y los riesgos asociados al entorno digital, como el anonimato o el fraude, lo que refuerza la necesidad de fomentar el pensamiento crítico y el acceso a información veraz. En este sentido, las recomendaciones pasan por la formación, el apoyo institucional y el enfoque integral para contrarrestarlos.
La digitalización puede ser una herramienta clave para la cohesión territorial y la lucha contra la despoblación.Finalmente, el estudio concluye que la digitalización puede ser una herramienta clave para la cohesión territorial y la lucha contra la despoblación, pero solo si se abordan de forma conjunta las desigualdades de género, edad y territorio.
Ante esto, Fademur subraya la necesidad de:
- Impulsar programas de formación digital adaptados al medio rural.
- Incorporar la dimensión emocional en las políticas de digitalización.
- Reforzar el pensamiento crítico frente a la desinformación.
- Integrar de forma real la perspectiva de género en las estrategias digitales.
- Apoyar las redes comunitarias como motor de inclusión digital.
Este informe es una aportación a la implementación de las medidas que se derivan de la Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto.
La estrategia reconoce explícitamente la necesidad de incorporar la perspectiva de género como eje transversal de las políticas públicas, orientada a remover las barreras estructurales que han impulsado históricamente a las mujeres (especialmente en el medio rural) a abandonar sus territorios, limitando su participación económica, social y política.


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