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Cuidar el cabello maduro cuando hace calor y sin mitos

El verano no solo pone a prueba la piel. También es una de las épocas más exigentes para el  cabello. El sol, la sal, el cloro, las altas temperaturas y los lavados más frecuentes pueden hacer  que la melena pierda brillo, hidratación y elasticidad. Y si a ello se suman los cambios  asociados al envejecimiento y a la menopausia, el impacto puede ser aún mayor. 

 

Cuidar cabello mujer madura

Mitos del cabello maduro 

Javier Mateo, peluquero y estilista y cofundador de The Lab Beauty Studio, desmonta  los mitos más extendidos sobre el cabello maduro y explica cómo adaptar la rutina capilar para mantener una melena sana y favorecedora durante los meses de calor

A partir de los 50, muchas mujeres notan que su cabello no responde igual que antes: se  vuelve más fino y seco, menos denso y más difícil de peinar. Sin embargo, buena parte de la  frustración no tiene tanto que ver con el paso del tiempo como con seguir aplicando rutinas  pensadas para un cabello que ya no existe.

El cabello cambia porque cambia el organismo.  

El mayor error es tratar el pelo a los 55 como si  tuvieras 35. El cabello cambia porque cambia el organismo. Cuando entendemos sus nuevas  necesidades y adaptamos los cuidados, vuelve a ser una herramienta para sentirnos bien con  nosotras mismas, explica Javier Mateo.

El experto identifica los diez errores más habituales que se cometen en esta etapa y que el  verano puede agravar todavía más:

1. Seguir usando el mismo champú de hace veinte años. El cabello maduro suele necesitar  fórmulas más suaves y respetuosas. Con la edad disminuye la producción de sebo y la fibra  pierde hidratación natural, por lo que los champús con demasiados detergentes pueden aumentar  la sequedad y la sensibilidad. Hay que revisar la rutina igual que revisamos nuestra cosmética  facial. Lo que funcionaba hace veinte años puede dejar de responder a las necesidades  actuales del cabello. Javier Mateo recomienda buscar ingredientes como ácido hialurónico,  glicerina, ceramidas, pantenol, niacinamida o péptidos, y limitar el uso de sulfatos agresivos o  perfumes intensos si existe sensibilidad. 

Hay que revisar la rutina igual que revisamos nuestra cosmética.

2. Pensar que lavar menos siempre es mejor. Uno de los mitos más extendidos es que después  de los 50 conviene espaciar al máximo los lavados. Pero la frecuencia adecuada depende del  cuero cabelludo, no de la edad. Una mujer de 60 con cuero cabelludo graso puede necesitar  más lavados que otra mucho más joven con cabello seco. El objetivo no es lavar menos, sino lavar mejor 

3. Ducharse con agua demasiado caliente. El agua muy caliente elimina los lípidos naturales  del cuero cabelludo y puede favorecer la deshidratación, el encrespamiento y la pérdida de  brillo. Muchas veces son pequeños gestos los que más castigan el cabello sin que nos demos cuenta. Bajar ligeramente la temperatura del agua puede marcar una diferencia enorme.

4. Creer que el acondicionador es opcional. Con la edad, el acondicionador deja de ser un  complemento para convertirse en un imprescindible. Ayuda a sellar la cutícula, facilita el  peinado y reduce la rotura. La mascarilla también puede ser una gran aliada, aunque no  necesariamente debe utilizarse en cada lavado. El cabello fino necesita nutrición, pero sin  perder movimiento. Más producto no significa mejores resultados."

5. Aplicar mascarillas y aceites donde no toca. Otro error habitual consiste en aplicar  mascarillas desde la raíz o saturar el cabello fino con aceites demasiado pesados. Muchas  mujeres intentan compensar la sequedad utilizando productos muy nutritivos, pero terminan perdiendo volumen y ligereza. Lo importante es elegir bien la textura y aplicarla de medios a puntas.

Cabello de mujer madura

6. Olvidarse de que el sol también envejece el cabello. La radiación UV deteriora la cutícula,  favorece la pérdida de hidratación y altera tanto el color como la textura del cabello.  Protegemos la piel del sol, pero nos olvidamos del pelo. Hoy existen protectores capilares muy  ligeros que ayudan muchísimo a preservar el brillo y la calidad de la fibra.El experto también  recomienda aclarar el cabello con agua dulce después de la piscina o del mar y evitar  permanecer durante horas con restos de sal o cloro.

7. Mantener exactamente el mismo corte de siempre. Cuando disminuye la densidad capilar,  el exceso de longitud puede aplastar la raíz y acentuar el efecto plano. El corte deja de ser  solo una cuestión estética. Puede aportar volumen óptico, suavizar las facciones y rejuvenecer  sin artificios. Entre los estilos que más favorecen destacan las melenas midi con capas  invisibles, los bob a la mandíbula o clavícula, el bob invertido, el shag moderno o el bixie.

8. Pensar que las canas limitan las opciones. El cabello canoso cambia de textura y suele  volverse más poroso, pero eso no significa renunciar al estilo. Las canas necesitan  movimiento. Cuando el corte tiene forma y ligereza, el gris se convierte en algo sofisticado y  elegante. El experto recomienda evitar cortes excesivamente rígidos, flequillos muy pesados y  melenas largas y compactas sin capas. 

Las canas necesitan  movimiento.
9. Elegir colores que endurecen los rasgos. En el caso de los rubios, los tonos excesivamente  fríos, ceniza o uniformes pueden endurecer el rostro y evidenciar la falta de luminosidad. Los  tonos miel, beige, vainilla o champán suelen rejuvenecer más porque aportan luz y dimensión  sin resultar artificiales. Además, evolucionan mejor durante el verano y requieren menos  correcciones posteriores.

10. Tratar el rizo igual que antes. El cabello rizado también cambia con la edad. La pérdida de hidratación puede afectar a la definición y favorecer el encrespamiento. Javier Mateo  recomienda potenciar la hidratación, secar con difusor a temperatura media, utilizar cremas  ligeras o geles flexibles y reducir el uso de herramientas térmicas. Cortar cada ocho o doce  semanas, dormir sobre fundas de satén y cambiar la raya de vez en cuando son gestos muy  sencillos que ayudan a mantener el volumen y la elasticidad del rizo.

El experto insiste en que el objetivo no debe ser recuperar el cabello de los treinta, sino entender cómo cuidarlo en cada etapa. La belleza hoy tiene mucho más que ver con acompañar lo que el cabello necesita que con luchar contra el paso del tiempo. Un cabello  sano, con movimiento y bien trabajado siempre resulta más favorecedor que perseguir una  imagen congelada en el tiempo, concluye Javier Mateo.



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