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Los trastornos del eje intestino- cerebro afectan a cerca del 40% de la población

Los trastornos de la interacción intestino- cerebro (es decir, el sistema de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso y el intestino) son muy frecuentes y afectan aproximadamente al 40% de la población a nivel mundial. El Síndrome del Intestino Irritable (SII) es el más habitual, con una prevalencia del 8,5%, seguido de la dispepsia funcional (8,1%).

Intestino cerebro relación

Concepto del eje intestino-cerebro

La reciente publicación de los criterios Roma V, una referencia internacional que emplean los especialistas para el diagnóstico y tratamiento de estos trastornos, ilustra cómo está avanzando la comprensión de estas patologías en general, y del SII en particular, tanto desde un punto de vista clínico como en la comunicación con los pacientes.

Uno de los principales cambios que presenta esta nueva edición es el mayor énfasis en el concepto del eje intestino- cerebro. Este eje influye en cómo se mueve y cómo percibe las sensaciones el intestino, así como en la base orgánica de estos trastornos, en los que “existen alteraciones en la sensibilidad, la motilidad, la función inmunológica o la microbiota, entre otros factores”, explica la doctora Carolina Malagelada, corresponsable del Comité de nutrición de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y especialista en aparato digestivo en el Hospital Universitario Vall d’ Hebron de Barcelona.

Este enfoque contribuye a reforzar el reconocimiento del SII y estas alteraciones como enfermedades con mecanismos fisiopatológicos implicados, incluso cuando las pruebas digestivas habituales no muestran lesiones estructurales. En este sentido, los criterios de Roma V buscan facilitar un diagnóstico basado en los síntomas que presenta el paciente, en lugar de considerar el SII únicamente cuando se han descartado otras patologías.

Diagnóstico basado en los síntomas

Es habitual que las personas con SII se sometan a numerosas pruebas (como análisis, endoscopias o estudios de imagen) sin obtener un resultado positivo que explique sus síntomas. Esta situación puede generar frustración e incluso dificultar la aceptación del diagnóstico, especialmente si el paciente interpreta que se trata de una conclusión a la que los especialistas llegan tras no encontrar ninguna otra enfermedad o que su malestar no tiene una explicación.

“Una parte importante del abordaje del SII es hacer ver a los pacientes que, aunque no exista una prueba específica ni una lesión estructural evidente, tiene un diagnóstico y un tratamiento como cualquier otro trastorno”, señala la doctora Malagelada. La especialista destaca la importancia de explicar adecuadamente el diagnóstico y los mecanismos que pueden estar detrás de los síntomas. El objetivo es que los pacientes comprendan que la ausencia de alteraciones en las pruebas convencionales no significa que sus síntomas carezcan de una base orgánica ni que no existan opciones terapéuticas.

En este sentido, la doctora advierte que este planteamiento no elimina la necesidad de realizar pruebas cuando estén indicadas: “si existen signos de alarma que puedan sugerir otra patología, pérdida de peso significativa o sangre en las heces, será necesario llevar a cabo las exploraciones pertinentes para evaluar y descartar otras causas.”


Eje intestino-cerebro

Impacto en la calidad de vida y tratamiento

La intensidad del SII varía considerablemente entre pacientes. Mientras que algunas personas tienen síntomas leves, con escasa repercusión en su vida cotidiana, alrededor de una cuarta parte experimenta una afectación importante de la calidad de vida.

Los criterios de Roma V incorporan cambios en la definición clínica del trastorno y sitúan el malestar recurrente y las alteraciones en las deposiciones entre sus elementos centrales. Entre las novedades incluidas en esta edición figura la eliminación del dolor como requisito diagnóstico indispensable, lo que permite contemplar una presentación más amplia de los síntomas. Otras manifestaciones habitualmente mencionadas por los pacientes incluyen la distensión e hinchazón abdominales.

El abordaje del SII, explica la doctora Malagelada, “es complejo y debe adaptarse a las características de cada paciente y a los síntomas predominantes de forma individualizada”. Las opciones terapéuticas pueden incluir medicamentos, abordaje nutricional y técnicas de manejo del estrés según las necesidades de cada caso.

En opinión de la experta, la publicación de los criterios de Roma V representa “la mejor comprensión que cada vez tenemos sobre unos trastornos muy frecuentes, que pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida de las personas que los padecen”. Además, constituye una “oportunidad de avanzar hacia un diagnóstico más temprano y una atención más individualizada”.

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