martes, 4 de junio de 2013

Prepararse para los exámenes



Es época de exámenes y vemos como nuestros ojerosos hijos se dejan la vista, el cerebro y hasta el raciocinio sobre las hojas de los ya castigados libros por el ajetreo de todo el curso o sobre los arrugados apuntes. ¿Qué podemos hacer por ellos o por nosotros mismos si estamos imbuidos en un proceso de memorización?

Cuando son pequeños, si se dispone de tiempo, puede darse una tendencia a estar encima de ellos a la hora de resolver los deberes en casa. Los expertos aconsejan prestarles esa ayuda siempre que lo necesiten, pero a la par, irles dejando cada vez más independencia para que ellos mismos aprendan a organizarse y asimilar sus propios éxitos o fracasos.

Cuando ya son mayores, hablo del periodo adolescente, ese apoyo debe estar igual de presente, sin embargo a la hora de estudiar ya tienen que ser totalmente autónomos de modo que lo único que podemos hacer es aconsejarles, con calma y sin enfados, si les vemos algo aturullados en el momento de empinar los codos.


Muy al caso viene la lectura del libro de Bernabé Tierno, Las mejores técnicas de estudio (ed.Booket), donde el psicólogo ofrece pautas en este sentido, válidas en cualquier etapa de la vida y para todo aquel que esté inmerso en un proceso de aprendizaje, y el cual recomiendo.

Una de las cosas que destaca este autor es que los “agobios” de las épocas de exámenes deberían evitarse, siendo lo recomendable prepararse cada examen al principio de cada evaluación. Además, “los repasos frecuentes facilitan la comprensión y el aprendizaje”.

Tras dos horas de estudio es necesario descansar para relajarse. Muchas veces el propio cuerpo da señales que indican que es necesario parar: picor de ojos, entumecimiento de las extremidades, sopor…

Estudiar en pequeñas dosis y dedicando a cada materia un tiempo en exclusividad. Además, “cambiar de materia de estudio ayuda a prolongar por más tiempo la concentración”. Se puede dedicar una hora con un par de descansos de 5 minutos a una materia, y luego cambiar de temario, durante otro par de horas (con descansos más prolongados), sin que se perjudique la concentración.

Si es posible informarse cómo va a ser el examen, mejor, porque esto puede facilitar pistas importantes.

Los apuntes y subrayados ayudan a la hora de resaltar las ideas clave en el momento de memorizar.

Descansar mental y físicamente durante la semana de exámenes porque el agotamiento o el estudio continuado pueden afectar al rendimiento.

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