viernes, 30 de enero de 2015

Sónsoles Ónega: “Mi novela es un grito para todas las mujeres que si quieren dar un golpe en la mesa, lo den”



la periodista de telecinco Sonsoles Ónega
Foto de Raquel Molina

La periodista y escritora Sonsoles Ónega, regresa al mundo editorial con una historia muy femenina y al mismo tiempo muy masculina, pues lo que trasluce es un aspecto más de la era que vivimos, una realidad social en la que estamas inmersos todos y en la que tanto hombres como mujeres tienen mucho que decir y hacer.


Nosotras que lo quisimos todos (ed.Planeta), muestra el esfuerzo de una heroína anónima, una de tantas mujeres que persigue sus objetivos profesionales sin renunciar a su otra vida, la íntima, la personal, la de sus hijos y su marido, en definitiva, la de su familia, a pesar de que hoy día en España es casi imposible conciliar ambas. Beatriz Quirós Ávarez, la protagonista, ansía lo que muchas mujeres buscan en el mundo actual, poder compaginar lo familiar y lo profesional, sin sentirse culpables, pero para ello necesitan herramientas que les ayuden a conseguirlo, y en este sentido la Administración tiene mucho que aportar ( así de reivindicativa se muestra la escritora).   

Sonsóles, hija del mediático periodista Fernando Ónega, deja el tono de sus tres novelas anteriores: Calle Habana, Donde Dios no estuvo y Encuentro en Bonaval, para sacar su pluma más humorística, un estilo que predomina en la novela rodeado de un matiz irónico que deja un rictus de alegría en el lector.

La periodista, que actualmente es corresponsal parlamentaria de Informativos Telecinco,  ha conversado con Claves de Mujer, y en esta cordial charla pudimos comprobar el deje luchador de esta mujer y sus reclamos reivindicativos, que al final lo que persiguen es hacer que este mundo sea un poco mejor para todos.

¿Por qué te decidiste a escribir este libro, teniendo en cuenta que no tiene nada que ver con la temática de tus otras publicaciones?
Sí, no tiene nada que ver con lo que he hecho anteriormente en el mundo editorial. Realmente ha sido por una necesidad real de saber lo que les estaba pasando a las mujeres como yo, de mi generación. Necesidad real que además percibía cada vez que nos reuníamos más de dos mujeres para ponernos al día. Siempre oía eso de “nos han timado”, y entonces yo reflexionaba: “¡Vamos a ver, no seamos frívolas, ¿nos han timado, sí o no?” Me puse a investigar y me pareció que era un material estupendo para convertirlo en una ficción construida en base a realidades de mujeres.

La protagonista se desenvuelve en una situación concreta y muestra un caso específico en el que se va a encontrar cierta reticencia a su desarrollo profesional  por parte de su marido, ¿no crees que es un enfoque un poco radical y que hoy día los hombres apoyan cada vez más a las mujeres?
Por supuesto, yo creo que poco a poco la sociedad está cambiando. Sin embargo, fíjate que por mi “tic periodístico” cuando empecé a investigar todas estas cuestiones, conocidas entre nosotras coloquialmente como “el timo” y que tiene mucha potencia porque lo utilizamos mucho, corroboré que los datos avalan que esto no es así. Las estadísticas demuestran que la mujer sigue siendo el peso sobre el que se sostienen el 90 por ciento de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos, de hecho lo certifican las distintas radiografías estadísticas de las mujeres.
El último Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades
aprobado por el Gobierno, un plan bienal (2014-2016), a mí me deja con la boca abierta y los pelos de punta. Las mujeres, trabajen o no, se dedican a las tareas del hogar y de la familia, cuatro horas y siete minutos, esto está publicado en dicha encuesta, y ¿sabes cuánto les dedican los hombres? Una hora y 54 minutos. Esto es así, todavía hay una realidad que no ha cambiado en la sociedad y es contra lo que yo me rebelo, aparte de otros muchos “tics” del sistema. Esas cargas de la familia y del hogar siguen recayendo sobre las mujeres, somos las principales generadoras de bienestar, que como bien sabes es un bien absolutamente intangible, que no se termina de valorar.


Siempre pensamos que sólo hay un Plan A o un Plan B, sin embargo, la protagonista no se limita a estas dos opciones, se le ocurre un tercer plan, el Plan C, qu además  tiene mucho que ver con la flexibilidad de las empresas, ¿crees que en este sentido, en el de la conciliación laboral y familiar, España aún tiene todavía un largo recorrido?
Lo que da sentido al libro al final es ese Plan C, yo creo que al final la  protagonista se salva de la destrucción construyendo su plan alternativo contra todo y todos. La novela es un grito para todas las mujeres que si quieren dar un golpe en la mesa, lo den. Se trata de elaborar un plan a tu manera: puedes construirlo. Yo no digo que sea fácil y probablemente sea muy complicado, pero sí hay plan C hay que intentarlo.

En cualquier caso, yo creo que todas esas cosas que nos facilitarían la vida, la carrera y que nos aliviarían la mochila, se sustentan en que de una vez por todas exportemos los modelos de países donde están funcionando otro tipo de jornadas laborales. Esto es algo que yo no escucho en los discursos políticos, no está encima de la mesa ni en las políticas de igualdad.  No sé si las jornadas intensivas se pueden exigir por ley, se lo preguntaré a la ministra de empleo, pero si hay mujeres en núcleos de poder que entienden que parte de nuestro problema es este, probablemente la sociedad empiece a cambiar porque lo de los horarios es vital. Si se instalaran las jornadas intensivas de verdad y las mujeres y los hombres salieran de trabajar entre las 15 y las 17 horas, lo primero que lograríamos, por ejemplo, es que las mujeres con hijos no se pidieran la reducción de jornada. Es cierto que habrá algunas que la pidan encantadas, pero hay otras que no les queda más narices y entonces se penaliza su carrera profesional.

Esta es una de las aristas del timo y no es nada sencillo, porque no es el timo de la estampita, es muy complicado. Necesitamos alianzas con todos, hombres y mujeres, las que están en casa, las que no, las que están peleando por llegar, las que no llegan y te cuentan el porqué no llegan… Esto todavía no ocurre, no hay un análisis práctico de qué podemos hacer.


¿Qué países modelo en este sentido del que hablas te has encontrado a lo largo de tu investigación?
Un ejemplo muy atractivo me parece Islandia. Es un país donde las mujeres son muy guerreras. En el 75, que aquí estábamos prácticamente acabando con el régimen de Franco, las mujeres de este país se plantaron en una manifestación y paralizaron Islandia. Poco a poco, las mujeres islandesas han ido consiguiendo conquistas reales y prácticas muy interesantes. Destacan sus permisos de maternidad y paternidad que son idénticos para los dos, tres meses para cada uno, lo que te sitúa en la misma casilla de salida para conseguir un puesto de trabajo. Islandia fue el primer país que tuvo la primera presidenta del mundo.

En Bélgica, por ejemplo se tiene regulada la ayuda en casa del servicio doméstico, de forma que es sencillo acceder a esta red colaborativa, algo que en nuestro país no existe. En todos esos países del norte de Europa se sale pronto de trabajar. Es otra forma de ver y entender el mundo. También estamos en una sociedad muy noctámbula. Convendría que se adelantaran los prime time de las televisiones, aunque ese es otro discurso, pero hay muchas cosas que todavía se pueden hacer.


Otra cosa que planteas en la novela  es que a veces entre las mujeres mismas nos ponemos zancadillas. Aquí, en España, la mujer también debería hacerse una autocrítica, ¿no crees?
Si, yo no he escrito este libro para disparar contra el mundo y dejar a la mujer indemne de culpa, no. Tenemos un grado de responsabilidad muy importante. Primero, una responsabilidad personal de relativizar ese sentimiento de culpa que parece que sólo nos atenaza a nosotras, que está ahí y que en cierto modo nos encadena, este es un sentimiento más de mujer que de hombre.

La mujer tampoco debe criminalizar a otra mujer que ha decidido un plan para ella, porque que a veces lo hacemos. Un día estás en la puerta del colegio y de pronto una mamá te pregunta: “¿Y tus hijos con quién están por las tardes, porque te veo en el informativo de las 9?" Entonces, bueno yo he delegado el cuidado de mis hijos determinados días a la semana, pero eso no significa que haya delegado su educación, ni por supuesto mi amor. En estos puntos las mujeres tenemos que ser más respetuosas con nosotras mismas, porque a los hombres no les ocurre. Es decir, un hombre que trabaja a destajo, que llega tarde a casa, que está siempre liado, es un triunfador; en cambio, a una mujer que trabaja a destajo, que llega tarde, etc., la pueden decir: “Anda que a ti no te pilla un terremoto, que tú nunca estás”, y eso me parece muy injusto y nosotras tenemos que corregirlo.


Por último, algún consejo que quieras aportar a estas mujeres que se ven desbordadas por el trabajo, la familia…
El mensaje, que es el de la novela, es que no es obligatorio hacerlo todo, salir a trabajar y tener una familia, pero la que quiera hacerlo, yo la animo a que lo haga. Si de verdad lo desea, tirar la toalla no es una solución, porque merece la pena que estemos, lo creo sinceramente. Hay una frase de MªTeresa Fernámdez de la Vega -
la primera mujer que presidió un Consejo de Ministros, en ausencia del presidente Rodríguez Zapatero-, que me encanta, y es la siguiente: “Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos.” Pues cuantos más pasos demos más avanzaremos, sólo por eso merece la pena. 


2 comentarios :

  1. Sí, muy bueno el artículo, muchas gracias. Entre las propias mujeres es donde más zancadillas se encuentran para empezar...luego están las que suelen poner las mujeres que han llegado a altos puestos que parecen ser las más severas con las que están intentando llegar.. si no se rompe esto de ver una competencia en la compañera, en vez de una fuerza a la que unirse, no se llega a nada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo contigo Fancylooks. Cuanto más nos apoyemos todos, hombres y mujeres, más cosas conseguiremos.

      Eliminar