Productos comunes de la cesta del compra contienen disruptores endocrinos que interfieren en los procesos hormonales
Los científicos tienen cada vez más evidencia sobre la interferencia que suponen los disruptores en el organismo y la salud. Sin embargo, productos comunes de la cesta de la compra (comida envasada, desodorantes, cremas, pastas de dientes, agua) pueden contener este tipo de sustancias. Entre otros cambios necesarios, el Grupo de Salud Planetaria de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) hace un llamamiento a la sociedad civil y a la Administración para disminuir la presencia de estos compuestos, especialmente en productos de consumo.
Alteración de los procesos hormonales
Se trata de sustancias químicas exógenas que tienen efectos adversos para la salud como consecuencia de alteraciones en la función endocrina mediante interferencia en el mensaje de las hormonas (imitando o modificando su efecto). Según la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA por sus siglas en inglés), existen unos 1.500 contaminantes con los que el ser humano puede entrar en contacto por vías como la digestiva, la respiratoria o la dérmica y que pueden interferir en los procesos hormonales
De hecho, hace años que se observa evidencias, a nivel in-vitro y en animales, de que los disruptores endocrinos pueden influir en la fertilidad, el desarrollo neurológico del feto, problemas del sistema inmune o en enfermedades crónicas como la diabetes o las alergias, además de cánceres (mama, próstata, ovario o tiroides). A modo de ejemplo, desde el 1 de septiembre de este año han quedado prohibidos en la Unión Europea el uso del óxido de difenilfosfina (TPO) y del dimetil-p-toluidina (DMTA) muy comunes en esmaltes y geles semipermanentes para las uñas, al considerarlas "carcinógenas, mutágenas y tóxicas para la reproducción" por diferentes estudios en animales.
¿Por qué son tan dañinos?
Los disruptores endocrinos alteran los mecanismos hormonales por diferentes vías, ya sea activando o inhibiendo los receptores hormonales, interfiriendo con las proteínas de transporte o con el proceso de síntesis hormonal, entre otros. Los adultos pueden verse afectados por los disruptores endocrinos, pero el principal blanco son los niños en toda su etapa perinatal, desde el embarazo hasta los primeros años de vida, cuando el cuerpo queda programado para su vida de adulto.
En esta etapa, el feto depende durante la primera mitad del embarazo exclusivamente de las hormonas tiroideas maternas que le llegan a través de la placenta, ya que no es capaz de producir las suyas propias. Estas hormonas desempeñan un papel fundamental en el desarrollo del feto, sobre todo en la maduración del sistema nervioso central. La exposición maternoinfantil a disruptores endocrinos se ha relacionado además con problemas como el bajo peso al nacer, prematuridad, mayor riesgo de obesidad y alteraciones cardiometabólicas y efectos inmunitarios.
Existen unos 1.500 contaminantes con los que el ser humano puede entrar en contacto por varias vías.
Precisamente por este motivo, las autoridades han optado sobre todo por restringir el uso de plásticos con componentes hormonalmente activos en objetos que usarían bebés y niños (ftalatos en chupetes, mordedores y tetinas, y bisfenol-A en biberones de policarbonato), aplicando el principio de precaución con el objetivo de proteger la salud infantil. Aunque estos disruptores hayan sido regulados, actualmente existen muchos otros que no lo están.
Asimismo, las publicaciones científicas sobre sustancias como el bisfenol-A y los ftalatos son lo suficientemente abundantes y concluyentes como para recomendar su restricción y que así estos compuestos no supongan una amenaza constante para la población.
Una parte de este tipo de sustancias se van acumulando en el organismo, mientras que otros tienen una vida media corta en el organismo y se eliminan por vía renal. Sin embargo, grandes estudios han detectado la presencia de diversos disruptores endocrinos en muestras biológicas de hasta el 95% de los participantes.
Es importante hacer estudios de contaminantes combinados.
Además, una de las grandes preocupaciones de la comunidad científica es que la mayoría de los ensayos de toxicidad se realizan con compuestos individuales, cuando lo esperable es que la contaminación incluya más de un compuesto. Es importante por este motivo hacer estudios de contaminantes combinados: este posible “efecto cóctel” no se tiene en cuenta a la hora de legislar y hace que sea muy complicado establecer un umbral seguro de exposición.
Desde el Grupo de Salud Planetaria de la semFYC señalan que “hay suficientes señales de riesgo como para intentar limitar nuestra exposición todo lo posible. Instamos a la Administración a ser rigurosa con los controles de calidad de todos los productos que llegan a nuestro mercado y a disminuir en la medida de lo posible la presencia de estos disruptores en diferentes materiales”.
Es importante conocer algunos de los principales disruptores endocrinos para hacer una compra más consciente.
¿Dónde están los disruptores endocrinos y cómo repercuten en la salud?
Los expertos de la semFYC señalan que “como consumidores, es importante conocer algunos de los principales disruptores endocrinos para hacer una compra más consciente y optar por otros productos menos dañinos”. También ayudan hábitos de vida saludables como hacer ejercicio y una dieta sana. Todo esto repercutirá de forma positiva tanto en nuestra salud como en el medio ambiente, muchas de estas sustancias están presentes en productos como los plásticos y además se ha detectado que pueden afectar a la fertilidad de diferentes especies animales.



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