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Ana Ortiz (doctora): "Nuestra microbiota puede ser una nueva y poderosa forma de afrontar el estrés"

En los últimos años, la investigación de la microbiota ha puesto de manifiesto su papel clave no solo en la salud digestiva, sino también en el bienestar emocional y neurológico. Esta conexión, conocida como eje microbiota-intestino-cerebro, se ha consolidado como uno de los principales focos de interés clínico por su potencial en el abordaje de los trastornos digestivos funcionales y de las alteraciones relacionadas con el estrés, tanto en población infantil como adulta. En este sentido, el papel de los psicobióticos, definidos como probióticos, se presentan como una alternativa de tratamiento, ya que aportan beneficios en situaciones de alteraciones psicológicas como el estrés. Así nos los explica la doctora  Ana I. Ortiz, gerente del área de Salud de Farmasierra.

Ana Ortiz, entrevista psicobióticos

¿Cómo actúa un psicobiótico para el abordaje del estrés o la ansiedad?

Para entender qué son los psicobióticos, primero hay que comprender el llamado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que conecta el aparato digestivo con el sistema nervioso central. Esta comunicación se produce a través de múltiples vías: nerviosa (especialmente el nervio vago), inmunológica, metabólica y hormonal, que permiten que intestino y cerebro se influyan mutuamente.

La microbiota intestinal (el conjunto de microorganismos que habita en nuestro intestino) desempeña un papel clave en este eje. Algunas bacterias son capaces de producir neurotransmisores o precursores de estos, como serotonina, dopamina o GABA, implicados directamente en la regulación del estrés, el estado de ánimo y la respuesta emocional.

Cuando la microbiota está equilibrada, este diálogo intestino-cerebro funciona de manera eficiente. Pero el estrés crónico, dietas poco saludables, la falta de sueño o el uso excesivo de antibióticos pueden alterar este equilibrio, favoreciendo síntomas como ansiedad, irritabilidad, fatiga mental o dificultad para concentrarse.

No todos los probióticos son psicobióticos.

De modo que, un psicobiótico es un tipo específico de probiótico que actúa modulando la microbiota intestinal y a través de ella influyen de forma beneficiosa en el cerebro a través del eje intestino-cerebro
Algunas cepas probióticas ha mostrado su acción frente al estrés y la ansiedad a través de diferentes estudios clínicos y se explica por varios mecanismos complementarios:

  • Modulación de la microbiota intestinal: ayudan a equilibrar las bacterias intestinales que forman parte de nuestra microbiota intestinal. Cuando este ecosistema está en armonía, el organismo responde mejor al estrés y se reduce la inflamación, cada vez más relacionada con la ansiedad y otros trastornos del estado de ánimo.
  • Producción de neurotransmisores que favorecen un mejor estado de ánimo y mayor sensación de bienestar: ciertas bacterias beneficiosas participan en la producción, disponibilidad o regulación de sustancias clave para el bienestar emocional, como la serotonina, el GABA o la dopamina, implicadas en la sensación calma y bienestar, el estado de ánimo y la respuesta al estrés.
  • Modulación de la respuesta al estrés: Algunos psicobióticos han mostrado su capacidad para regular los niveles de cortisol, la conocida “hormona del estrés” al influir sobre el eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal (HHA), favoreciendo una respuesta más adaptativa ante situaciones estresantes.
  • Comunicación con el cerebro a través del nervio vago: esta “autopista” bidireccional entre intestino y cerebro transmite señales que influyen directamente en cómo nos sentimos, pensamos y reaccionamos emocionalmente. 

Es importante recordar que no todos los probióticos son psicobióticos.

¿Pueden sustituir a los ansiolíticos como tratamientos efectivos? 

El estrés forma parte de nuestra vida, pero cuando se vuelve crónico puede afectar seriamente a
la salud física y mental.

Los psicobióticos no sustituyen a otras estrategias fundamentales como el descanso, el ejercicio, la gestión emocional o, cuando es necesario, la atención psicológica o médica ni el tratamiento farmacológico cuando esté indicado. Sin embargo, pueden ser un apoyo complementario muy interesante dentro de un abordaje integral del estrés y la ansiedad, especialmente cuando se combinan con una buena alimentación, descanso adecuado y estrategias de autocuidado.

psicobióticos y estrés

Diversos estudios sugieren que su uso continuado puede ayudar a amortiguar la respuesta al estrés, mejorar la resiliencia emocional y reducir la percepción subjetiva de tensión. Esto resulta especialmente interesante en personas sometidas a alta carga laboral, estudiantes en épocas de exámenes o personas con digestiones sensibles asociadas al estrés.

Por lo tanto, hoy por hoy, los psicobióticos no se consideran un sustituto de los ansiolíticos cuando hay un trastorno de ansiedad clínicamente significativo y diagnosticado o cuando existe indicación médica de fármacos. Lo más realista (y respaldado por la evidencia) es verlos como un aliado del bienestar, una ayuda complementaria sobre todo en estrés cotidiano o síntomas leves, dentro de un abordaje integral (psicoterapia, hábitos, y -si procede-medicación).

Los psicobióticos no se consideran un sustituto de los ansiolíticos.
Y, muy importante: nunca se debe retirar un ansiolítico por cuenta propia; si se plantea un cambio, debe hacerse con el profesional que lo pautó.

¿Por qué no sustituyen (todavía)?

Los ansiolíticos tienen un papel claro en ciertos cuadros (por ejemplo, crisis intensas, ansiedad grave, comorbilidad, etc.), mientras que los psicobióticos suelen estudiarse más en estrés percibido o síntomas subclínicos. La evidencia en humanos muestra efectos pequeños a moderados y bastante variables según la cepa, la dosis, la duración y el tipo de población estudiada. Algunas revisiones concluyen que los resultados son inconsistentes y que faltan ensayos robustos en pacientes con ansiedad diagnosticada.

Sí pueden ser útiles como apoyo (ejemplos de estudios):

Con la cepa Bifidobacterium longum 1714, hay estudios tanto preclínicos como clínicos en adultos sanos que reportan mejoras en respuesta al estrés y cambios en marcadores y medidas relacionadas con estrés y función cerebral tras unas semanas de intervención. Un trabajo reciente publicado en Scientific Reports (2024) también menciona reducciones en variables de estrés y respuesta a estrés agudo en ese
contexto. Además, hay ensayos clínicos doble ciego en estrés crónico.

¿Qué bacterias o cepas son las que se utilizan en estos productos?

El campo de los psicobióticos está en plena expansión. A medida que la investigación avanza, es probable que veamos estrategias cada vez más personalizadas, adaptadas a la microbiota y a las necesidades específicas de cada persona.

No todos los probióticos son psicobióticos. Los efectos sobre el estrés, la ansiedad o el estadode ánimo son cepa-dependientes. Para que un producto tenga un efecto potencial sobre el estrés, la ansiedad o el bienestar emocional debe contener cepas concretas, bien identificadas y estudiadas desde el punto de vista clínico y en dosis adecuadas. Por lo tanto, la especificidad de las cepas probióticas es un aspecto clave.

En la actualidad se está estudiando y trabajando con cepas muy específicas pertenecientes a diferentes géneros bacterianos, entre ellos Bifidobacterium y Lactobacillus.

Una de las cepas más estudiada y con más evidencia clínica en regulación del estrés, respuesta al cortisol y bienestar emocional es Bifidobacterium longum 1714.

También se están haciendo estudios con Lactobacillus helveticus R0052 en combinación con Bifidobacterium longum, asociando esta combinación a mejoras en síntomas de estrés y ansiedad leve.

Y algunas cepas de Lactobacillus rhamnosus, Lactobacillus plantarum y Lactobacillus casei, muestran efectos positivos sobre el estado de ánimo o la fatiga mental, aunque con evidencia todavía más limitada.

¿Podrían tratar enfermedades mentales más complejas?

Es una pregunta muy importante, y la respuesta, hoy por hoy, debe ser prudente y clara. En la actualidad, los psicobióticos no pueden tratar por sí solos enfermedades mentales complejas, como la depresión mayor, los trastornos de ansiedad graves, el trastorno bipolar o la esquizofrenia. No sustituyen a la psiquiatría, la psicoterapia ni a los tratamientos farmacológicos cuando estos están indicados.

Dicho esto, la investigación es muy prometedora y apunta a un posible papel complementario, no sustitutivo, pudiendo ser un apoyo útil dentro de un tratamiento integral y supervisado.

  • Se están estudiando como coadyuvantes para ayudar a modular la inflamación, el estrés crónico y ciertas alteraciones del eje intestino-cerebro que aparecen en algunos trastornos mentales.
  • En depresión y ansiedad, hay estudios que demuestran mejorías modestas en síntomas como el estrés percibido, el estado de ánimo o la calidad del sueño cuando se usan junto al tratamiento habitual.
  • En trastornos más complejos, como esquizofrenia o trastorno bipolar, la investigación está todavía en fases iniciales y no permite hacer recomendaciones clínicas.

Hablar de psicobióticos no es medicalizar la alimentación, sino entender que el intestino influye en el cerebro y que cuidarlo puede sumar, aunque nunca sustituya al abordaje médico.

¿Qué efectos adversos pueden tener?

En general, los psicobióticos son bien tolerados y tienen un perfil de seguridad alto en población sana.
Aun así, como cualquier intervención, no están exentos de posibles efectos adversos leves transitorios, como gases, distensión abdominal o hinchazón, sobre todo al inicio, o cambios en el ritmo intestinal, como heces más blandas o estreñimiento leve. Se trata de molestias digestivas leves, que suelen desaparecer en pocos días al adaptarse el intestino y que indican que los probióticos están actuando a nivel intestinal.

En algunas situaciones específicas como es el caso de personas con intestino especialmente sensible podrían producir empeoramiento de síntomas digestivos.

Y hay situaciones concretas que requieren especial precaución cuando se va a tomar cualquier tipo de probiótico. Por ejemplo, personas con enfermedades intestinales activas, inmunodepresión, tratamientos oncológicos o patologías graves. O pacientes con trastornos digestivos complejos, donde no todas las cepas son adecuadas. En estos casos, no deben tomarse sin supervisión profesional.

El bienestar emocional empieza también en el intestino. 
El mensaje es claro: el bienestar emocional empieza también en el intestino. Incorporar hábitos que cuiden nuestra microbiota puede ser una nueva forma de afrontar el estrés, mejorar el estado de ánimo y potenciar nuestra función cognitiva en el día a día.

Hoy sabemos que la salud mental no depende sólo del cerebro ni de soluciones aisladas. Los psicobióticos nos recuerdan que el intestino desempeña un papel clave en el equilibrio emocional y que comprender esta conexión nos conduce hacia un nuevo modelo de salud: más integral, personalizado y preventivo, en el que cuerpo y mente trabajan juntos y el bienestar se construye día a día, desde dentro hacia fuera.

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