lunes, 30 de mayo de 2011

Desconfía de las dietas milagro


Las dietas milagro no existen. Esta frase es ya todo un clásico entre los especialistas en nutrición que insisten una y otra vez en el peligro que conllevan estos regímenes. Es cierto que lo ideal es tener un peso normal, ya no sólo por una cuestión estética sino por un tema de salud, pero los kilos que sobran no se pueden rebajar a “cualquier precio”. De hecho, muchas veces ocurre que tras una dieta de adelgazamiento la grasa que habíamos conseguido eliminar se recupera en poco tiempo, algo a lo que no se le da importancia pero que repercute muy negativamente en el organismo.
Hoy en día existe suficiente evidencia científica que relaciona el conocido “efecto rebote” con múltiples comorbilidades como la hipertensión arterial, la diabetes y con un aumento del peso final. “El síndrome de recuperación de peso del que todavía no existe una clara definición, se incrementa con el Índice de Masa Corporal de forma que hasta un 80% de pacientes con obesidad pueden sufrirlo o lo han sufrido en varias ocasiones y afecta predominantemente a mujeres”, explica la doctora Susana Monereo, coordinadora del Grupo de Trabajo de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología Nutrición (SEEN).
Estas dietas ocasionan un efecto yo-yo que además de contribuir a recuperar los kilos perdidos con tanto esfuerzo, generan otra serie de complicaciones relacionadas con el metabolismo, la función renal, ocasionan deficiencias vitamínicas o caída del cabello, entre otros efectos nocivos. 

Resultados negativos

En boca de muchos están los nombres de las dietas más conocidas como la del grupo sanguíneo, la del sirope de arce, de la sopa quemagrasa, del potito de bebé, Dukan, Atkins, la dieta del helado o la del batido, etc. De todas ellas debemos desconfiar porque aunque pueden lograr esa reducción de peso tan ansiada, sobre todo ahora que toca lucir cuerpo, el resultado final puede ser catastrófico. Si se suprimen grupos de alimentos el organismo responderá con una importante falta de energía que tratará de recuperar tras volver a la ingesta alimentaria normal. Además, pueden surgir ciertas deficiencias que desemboquen en enfermedades. Todas ellas inducen a déficits nutricionales severos, pérdida de agua y de masa muscular que pueden tener consecuencias negativas importantes a corto y largo plazo sobre la salud física y mental.
¿Qué hay que hacer, por tanto, si se pretende adelgazar? Ante todo si ese deseo es con intención duradera y no con el objeto de evitar el michelín con la llegada del calor, lo mejor es ponerse en manos de un especialista. En manos de quienes más saben siempre se consiguen mejores resultados. Ahora bien, si sólo se busca rebajar un par de kilos y no se considera necesaria la intervención de un experto hay unas pautas que siempre se recomiendan: incrementar el consumo de frutas y verduras, reducir la ingesta de grasas (para ello se pueden mejorar los métodos de cocinado: a la plancha, horno y microondas, son las mejores opciones), hacer entre cuatro y cinco comidas al día y aumentar la actividad física.

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