miércoles, 22 de febrero de 2017

¿Cuándo hay que suprimir los lácteos de la dieta?




La intolerancia a la lactosa provoca síntomas como dolor abdominal, meteorismo, distensión abdominal o flatulencias. Cuando éstos aparecen de forma sistemática muchas personas tienden a suprimir los lácteos de su dieta porque alguien le ha comentado que seguramente sea intolerante a la lactosa o porque simplemente lo sospeche tras haberlo leído u oído sin haberlo si quiera consultado previamente con un experto. 

Cuándo suprimir lácteos de la dieta
 
Desde la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), consideran que eliminar los lácteos por tener una simple sospecha puede ser nocivo para la salud:
“Creemos que es muy importante actuar contra el autodiagnóstico de la población que en muchas ocasiones conlleva eliminar la ingesta de lácteos de la dieta de un modo innecesario y, por otro lado, facilitar que los médicos y los especialistas tengan suficiente conocimiento de la enfermedad para diagnosticarla y tratarla correctamente”, explica el Dr. Federico Argüelles Arias, coordinador editorial junto al Dr. Francesc Casellas Jordá, del libro Puesta al día en común en la Intolerancia a la Lactosa, publicado por la FEAD.


Para aclarar a los lectores lo que puede suponer la supresión de los lácteos en la dieta, el Dr. Casellas nos explica que la leche y derivados deben ser un pilar de la alimentación porque se trata de un conjunto de alimentos que por sus características nutricionales son los más básicos, equilibrados y completos en composición de nutrientes. 

¿Qué nos aportan los lácteos?
Proteínas de alto valor biológico
Grasa
Lactosa
Minerales y vitaminas liposolubles.
Constituyen una muy buena fuente de calcio y vitamina D necesarios para un correcto metabolismo óseo, en diferentes etapas de la vida

Además, los beneficios de la vitamina D van más allá de la salud ósea” ya que es un inmunonutriente que participa en muchos procesos metabólicos e inmunitarios de nuestro organismo. El consumo de lácteos también tiene efectos beneficiosos en la disminución de las cifras de tensión arterial, control del peso y prevención de la obesidad, de enfermedades cardiovasculares, de diabetes mellitus tipo 2, del síndrome metabólico, y de algunos cánceres.”

¿Qué ocurre cuando somos intolerantes a la lactosa?

La lactosa es un azúcar que está presente en todas las leches de los mamíferos. Por su parte, la lactasa es una enzima producida en el intestino delgado, que permite la correcta absorción de lactosa. El déficit de este enzima puede conllevar una malabsorción de este azúcar y la aparición de síntomas digestivos, que es lo que se conoce como intolerancia a la lactosa.
La sintomatología de esta intolerancia: diarrea, dolor abdominal, flatulencia, y/o distensión abdominal –hinchazón-, se produce por la fermentación bacteriana en el colon de la lactosa no digerida, no es específica de la enfermedad y es por ello que, en muchas ocasiones, el diagnóstico no se alcanza o pasa desapercibido. Otros síntomas menos frecuentes son las náuseas o el estreñimiento y una serie de síntomas sistémicos como cefalea o dolores musculares y articulares que todavía no han sido bien definidos.
“Para identificar los potenciales pacientes intolerantes a la lactosa de una forma fácil, basada en los síntomas, disponemos de una serie de pruebas diagnósticas y escalas de cuantificación de la sintomatología, diseñadas y validadas en castellano”, explica el Dr. Casellas. Entre las pruebas diagnósticas que deben emplearse destacan las pruebas genéticas, la biopsia intestinal, el Quick test, el Test de aliento de H2 , el Test tolerancia a la lactosa y el Test de gaxilosa en orina.

Y una vez detectada esa intolerancia a la lactosa hay alternativas, de hecho “en el mercado actual de lácteos y derivados sin lactosa así como de lactasa en forma de comprimido, que disminuyen los riesgos y en algún caso puede permitir consumir lactosa sin que aparezcan síntomas”, apunta el Dr. Arguelles.


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