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"Sólo pierde quien deja de intentar"

lunes, 13 de julio de 2020

Ana Aparichi, maquilladora: "Para mí el maquillaje es una herramienta que me ayuda a conectar conmigo misma"


La maquilladora Ana Aparichi dice que el maquillaje no solo consiste en ponerse una máscara, sino que es un complemento que nos ayuda a sacar nuestra mejor versión, tanto la exterior como la interior. Esta perspectiva es la que nos muestra en su libro Del maquillaje a la belleza real (Ed. Zenith). De ella nos habla, pero también de la manera en que cada mujer puede realzar su belleza, sin enmascararla, derribando miedos y limitaciones, mostrando sus tips para un maquillaje perfecto y cómo debe mimarse por dentro y por fuera. Se trata de una publicación, que tal y como ha contado la maquilladora en esta entrevista a Claves de Mujer, para ella lo aúna todo en cuanto a su persona: “Básicamente, soy yo hecha libro.” 

Entrevista a la maquilladora Ana Aparichi



Aunque lo dices en tu libro, ¿puedes contar a los lectores de Claves de Mujer qué es para Ana Aparichi la belleza?

Bueno en realidad yo le añado “real”, porque si bien por sí sola la belleza es algo que nos hace experimentar un sentimiento de plenitud al contemplarla, para mí el concepto de “belleza real” aúna tanto la belleza exterior como interior. Así es cuando realmente realzas y sacas a relucir toda la auténtica belleza esencial que tienes dentro y que se ve reflejada por fuera mostrándote tal y como eres. Simplemente se trata de sacar tu mejor versión a nivel exterior por un lado, destacando lo que tienes, sin enmascararlo, y por otro lado a nivel interno donde pasa exactamente lo mismo, de modo que reflejas seguridad y confianza, es como si estuvieras muy a gusto en tu propia piel.

¿Por qué crees que la mayoría de las mujeres poseen una percepción alterada y en general negativa de su aspecto físico?

Yo creo que esto viene de mucho tiempo atrás. Además, ya desde que somos pequeños comienzan las comparaciones, sin querer. Al final en esta sociedad nos movemos por ideales en todo, en belleza, en comportamiento, en forma de ser… Entonces inconscientemente vamos diciendo, esto, sí, esto no… Mira este qué guapo… Al final te acabas formando una idea en tu mente de lo que está bien y de lo que no. Entonces todo el rato te comparas con ese referente, que muchas veces ni siquiera es realista.

Al mismo tiempo, lejos de decir ¡uy qué bien que yo me acerco a esto! nos vamos viendo como más lejos de conseguirlo. Con lo cual nos frustramos y a la par tendemos a fijarnos en el fallo. Normalmente está muy mal aceptado que una persona se piropee a sí misma porque queda como ¡uy esta qué creída, qué sobrada! Sin embargo, nadie dice nada cuando una mujer no para de comentar qué arrugas o manchas tiene, al contrario, si hay otra a su lado llegará a afirmar que ella tiene muchas más. Nadie dice nada, y es lo que nos parece normal. Te da como compasión, y dices “no, si yo soy peor.” Es algo que se ha aceptado.

En lugar de ver el conjunto, con perspectiva y centrarnos en lo que está bien, dentro de ese todo nos fijamos en lo que no está bien, en dónde está el fallito. Ahí me voy a focalizar y a su vez me voy a obsesionar porque mi foco solo va a estar ahí y lo voy a engrandecer, de modo que al mirarme al espejo y en la foto no haya otra cosa en la que me fije. Un ejemplo muy gráfico de todo esto es que cuando en los cursos que imparto pregunto a las participantes qué puntuación del 0 al 10 se dan por ejemplo en ojeras, ninguna me contesta un uno o un dos. 




Del maquillaje a la belleza real


¿Cómo ayuda el maquillaje en toda esta percepción?


A mí el maquillaje me resulta una herramienta precisamente nada superficial, sino para conectar conmigo misma. El problema está que si haces algo de cara al exterior no pasa nada, pero si te dedicas un rato a ti se suele tildar de superficial. ¿Cómo nos ayuda el maquillaje?, Para mí, siempre lo digo, no deja de ser una plumita de Dumbo. El elefante cree que vuela gracias a esa plumita, pues con el maquillaje lo que ocurre en el fondo es que cuando tú te ves bien en el espejo y aprecias esa belleza, realmente eso te hace sentirte mejor en general. Estás de mejor humor, te sientes más empoderada, lo que transmites fuera es distinto porque sientes autoconfianza al verte bien y eso lo muestras fuera, de modo que lo exterior puede ayudar a lo de dentro. Es como cuando rompes con tu novio: de pronto te vas a la peluquería, te peinas, te maquillas… Eso te cambia, aunque solo sea momentáneamente has tenido ese espacio para experimentar un subidón que necesitas. Realmente se trata de una ayuda externa para que te vuelvas a sentir bien y que no tengas “vergüenza” de mostrar algo, como una mancha o algo que te haga estar incomoda. Al final, el maquillaje contribuye a que puedas estar a gusto y eso lo vamos a proyectar fuera.

¿Qué aconsejas a aquellas mujeres que tienen miedo a maquillarse por temor a no hacerlo bien?

Lo más sencillo es el “make up no make up”, es decir, unificar el tono con una base de maquillaje del color de tu piel, que tienes que aplicar por todo el rostro. Luego te puedes poner una máscara de pestañas, y no te hace falta mucho más porque ésta te realza la mirada y vas a parpadear de otra manera. En cuanto al temido al "eyeliner" una forma fácil para alguien que está empezando es coger un pincel impregnado en un poquito de sombra e ir poniendo el color a ras de pestaña como si estuvieras uniendo los puntitos de las pestañas, desde tu primera pestaña a la última. Haciéndolo así, con una sombra, no la vas a fastidiar. Nada de rabillos y complicaciones, ya que de este modo se va a ver muy elegante porque si te equivocas al ser sombra se difumina y no queda bien.

Si presentamos ojeras y son discretas es posible camuflarlas con la misma base del maquillaje, pero si son muy intensas podemos utilizar un corrector cuidando siempre el color.

En los labios puedes añadir brillo
. En el caso de tenerlos finos es posible perfilarlos con un lápiz del mismo tono que tus labios y lo difuminas con la yema del dedo.

La cuestión es que tienes que pensar que no puede haber cortes y contrastes. Simplemente con esto ya sería suficiente y si quieres ni te pones colorete. Por lo menos, llevas unificada la base, la pestañita y el brillo de labios, luego le puedes poner un labio más subidito cuando le vayas cogiendo gusto. Si no sabes maquillarte bien es mejor no complicarse. En el ojo realmente el protagonista es la pestaña y la línea. Todo lo demás es complementario. El colorete solo realzar el efecto del sol cuando vamos a la playa, es decir, hay que darlo sonriendo y marcando la mejilla. 





Y ahora que tenemos que usar la mascarilla, ¿qué aconsejas para resaltar los ojos?

Al ojo la fuerza se la da tanto la pestaña como la línea. Si quieres un look natural con la mascarilla para diario bastaría con máscara de pestañas y eyeliner en sombra; si deseas marcar más hay que usar bien un lápiz o un gel. A mí me gusta más la textura del gel porque es más duradera, el color es más intenso y se aplica igual. Con el tema de la mascarilla ya que la atención va directa a la mirada, sí que marcaría la línea dentro del agua, es decir, la parte inferior del ojo y la llenaría con un poco de gel para dar ese aire un poco más felino a la mirada y potenciarla. También es posible utilizar un mensaje más contundente si apetece, sabes y quieres jugar con eso.

¿Cuáles son los mitos de maquillaje que más te llaman la atención?

Son dos. Hay uno que las personas que me siguen me lo han oído decir en más de una ocasión: no al verde. El verde neutraliza al rojo, pero en el rostro no tenemos rojo. Es un error garrafal utilizar este tono porque el verde deja un color extrañísimo. Para mí realmente una persona no tiene rojeces como lo llaman sino “roseces”, por eso cuando se presenta este trastorno de la piel se habla de rosáceas.

El otro, es no al tres
. Al aplicarnos el polvo de maquillaje dibujando la forma de un tres en un lado y otros tres en el otro, al final estamos creando el equivalente a un ocho, y si la idea es simular que nuestro rostro se ha bronceado como si hubiéramos ido a la playa, esto no es real, porque nadie se broncea como un ocho. 



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