Ir al contenido principal

Isabel Echavarría (SEOM): “El deporte es un tratamiento oncológico más, que puede reducir la recurrencia en el cáncer de mama”

El deporte ocupa un lugar cada vez más relevante en la atención de pacientes de cáncer. La evidencia científica sobre sus beneficios continúa creciendo, tanto por su contribución a la calidad de vida y la tolerancia a los tratamientos como por su posible impacto en el pronóstico de determinados tumores. Así lo destacó la doctora Isabel Echavarría, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga médica del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, durante la presentación de la XII edición del Reto Pelayo Vida, celebrada en la sede de Pelayo Seguros en Madrid. 

Deporte y cáncer de mama

Deporte y cáncer de mama

“El deporte es un tratamiento más”, ha afirmado la especialista, quien ha insistido en que la actividad física debe tenerse en cuenta durante las distintas etapas de la enfermedad. “Cada vez tenemos más datos del valor del deporte, tanto en la prevención como en el tratamiento del cáncer”, explicó. Al mismo tiempo, advirtió que el ejercicio físico puede contribuir a reducir la inflamación crónica, mejorar la tolerancia a la radioterapia y la quimioterapia y aliviar algunas de las dificultades asociadas a los tratamientos hormonales del cáncer de mama.

La oncóloga señaló también que existen evidencias de una reducción de las recaídas en determinados tumores, como el cáncer de mama o de colon, y ha destacado la importancia de combinar tanto ejercicio de fuerza como de cardio: “Aunque que la fuerza va ganando protagonismo”. Un mensaje especialmente relevante en el Día Mundial del Cáncer de Mama, que se celebra el 19 de octubre, y que invita a prestar atención no solo al diagnóstico y al tratamiento, sino también a la recuperación física y emocional de las pacientes.

Mujeres que han superado diferentes tumores

En este contexto, el Reto Pelayo Vida es una iniciativa en la muestra cómo el deporte puede convertirse en una herramienta para recuperar la confianza, la autonomía y la ilusión después de un diagnóstico oncológico. Su XII edición, que cuenta con la colaboración de SEOM, llevará a cinco mujeres que han superado diferentes tipos de cáncer a recorrer Senegal durante 17 días, en una expedición que comenzará el próximo 24 de noviembre y que combinará bicicleta de montaña, kayak y grandes dosis de resistencia física y mental para afrontar una expedición que las llevará desde la costa de Dakar hasta los paisajes tropicales de Casamance, al sur del país. 

Cada vez tenemos más datos del valor del deporte, tanto en la prevención como en el tratamiento del cáncer.

Una idea clara en la que se insistió es que los beneficios del ejercicio físico no se limitan a la condición física. Para muchas mujeres, el diagnóstico y los tratamientos oncológicos suponen también una transformación de su relación con el cuerpo, que puede verse afectada por las intervenciones quirúrgicas, las secuelas, el cansancio o la pérdida de confianza en sus propias capacidades. Es el caso de Vanesa Amigo, de 45 años, exgimnasta de élite y bicampeona de España, a quien diagnosticaron cáncer de mama a finales de 2024. Tras afrontar una mastectomía, encontró en la actividad física un apoyo fundamental para su recuperación. “En mi caso ha sido un pilar esencial para la recuperación física y la estabilidad mental”. Madre de dos hijos y encargada en Primark, asegura que la preparación de la expedición ha supuesto un cambio para toda su familia: “El reto nos ha cambiado a toda la familia”.

También Irantzu Pinillos, de 47 años, ha vivido el deporte como parte de un proceso de reconstrucción personal. Tras casi veinte años trabajando en derechos humanos en países como Nepal o Sudán del Sur, recibió un diagnóstico de cáncer de mama en 2024 y, después de una mastectomía, decidió no someterse a una reconstrucción mamaria. “Trabajé para aceptar mi cuerpo y aprender a quererme de otra manera”. La preparación del Reto Pelayo Vida le ha aportado una nueva motivación, ya que “mi confianza y autoestima han ido en aumento. Ojalá sirva de inspiración para otras mujeres que viven esta situación”.

 La experiencia de Noemí Carrasco, de 42 años, también está marcada por el cáncer de mama, diagnosticado en 2024, después de haber superado un cáncer de tiroides durante la infancia. Instructora de ciclo indoor y apasionada de los viajes, ha encontrado en el entrenamiento una manera de recuperar el control sobre su vida. “Es un tsunami que te mete en un túnel de miedo, por eso es tan importante ver la experiencia de otras personas que lo han superado y viven una vida mejor, con más gratitud y plenitud”. Y resume su actitud ante la enfermedad con una frase: “Con esta experiencia y el deporte le digo al cáncer: ahora me voy a poner más fuerte que nunca”. 

Ejercicio y cáncer de mama

Junto a Vanesa, Irantzu y Noemí, completan el equipo Milena Amelibia y Marta García Bodí, dos mujeres que también han encontrado en la actividad física un apoyo para convivir con las secuelas del cáncer de ovario.

Después del cáncer, también pueden existir nuevos desafíos y proyectos. 

Milena, matrona de 42 años y natural de San Sebastián, recibió el diagnóstico a los 35 años. La enfermedad truncó sus planes de maternidad y le dejó un linfedema crónico en una pierna. La montaña se convirtió entonces en un espacio para recuperar su autoestima y aprender a convivir con las limitaciones físicas. “El cáncer arrasa tu vida como un tsunami. Me quitó el sueño de ser madre y me dejó secuelas”. Después de varios intentos para participar en el Reto Pelayo Vida, afronta esta edición como una culminación personal y una oportunidad para trasladar esperanza a otras mujeres. 

Por su parte Marta, valenciana de 42 años, recibió el diagnóstico de cáncer de ovario en 2023, durante su embarazo. “Quiero un soplo de esperanza a mujeres que pasan por un proceso oncológico. Que vean que existe una vida posterior saludable y plena”, Para ella, la expedición representa la posibilidad de compartir su experiencia y demostrar que, después del cáncer, también pueden existir nuevos desafíos y proyectos.

Más allá de sus historias individuales, las cinco coinciden en destacar el valor del equipo. La enfermedad las ha enfrentado a miedos y dificultades diferentes, pero también ha creado una conexión que ya forma parte de la experiencia, incluso antes de viajar. 

Comentarios