Al tener estrés muchas personas tienden a alterar sus hábitos. En ocasiones, estos se vuelven poco saludables, ya que generalmente comprenden dormir menos, fumar, disminuir la actividad física, e incluso se tiende a comer peor que en condiciones normales, explica Montse Arboix , enfermera experta en promoción de la salud. Generalmente, o se pierde el apetito o por el contrario se picotea y se come sin ton ni son a pesar de no tener hambre. Esto lleva a alimentarnos desconectados del proceso de alimentación y, por tanto, de las sensaciones corporales, según matiza Pilar Morales, experta en coaching y fundadora de Adaptic Institute. Alimentarse de esta manera es nocivo para la salud, y por ello es fundamental "ralentizar el ritmo y comer de forma más consciente".