lunes, 23 de julio de 2012

Dieta para cuidar el corazón

La dieta tiende a descuidarse durante el periodo estival, provocando el aumento de peso sin apenas percibirlo hasta que ya es demasiado tarde. Algunos estudios aseguran que la media está en un incremento que supone cerca de los dos kilos y medio. La mejor manera de evitar este descontrol  es mantener una dieta equilibrada y por ello los nutricionistas recomiendan la dieta mediterránea. 
La Fundación Española del Corazón (FEC) alerta sobre la importancia de mantener una buena alimentación, ya que la calidad de ésta influye directamente en la salud de nuestro corazón, pudiendo llegar a reducir hasta un 30% el riesgo de enfermedad cardiovascular y disminuir hasta un 70%  (Según el Lyon Diet Heart Study  ) las probabilidades de volver a padecer una patología cardiovascular si ya hemos sufrido un evento de esta índole.
Meritxell Gómez, experta del Programa NUSA, apunta algunos sencillos consejos que nos permitirán preparar una “neverita” cardiosaludable para disfrutar de la comida en la playa o, en general, fuera de casa. Disfrutar del verano no está reñido con cuidar nuestra salud cardiovascular:
-       Frutas y verduras: además de aportarnos vitaminas y antioxidantes, ayudan a estar hidratados durante los días de más calor.
-       Bocadillos de pan integral con alimentos bajos en grasas saturadas (queso fresco, carnes blancas, embutidos magros o atún, por ejemplo) complementados con verduras y hortalizas crudas (lechuga, tomate, espárragos, etc.).
-       Tomate y aceite de oliva para los aliños, con alto contenido de grasas insaturadas, muy buenas para combatir el colesterol.
-       Frutos secos para un tentempié muy cardiosaludable cuando apetece picar entre horas.
-       Los yogures bebibles son una buena opción. Las personas que necesitan reducir el colesterol pueden incorporar también lácteos reductores de colesterol con esteroles vegetales.
-       Mantener la hidratación principalmente con agua y zumos de fruta.
Además desde la  FEC recuerdan que Los ácidos grasos omega–3, que aportan el pescado azul, algunos frutos secos, las espinacas o la lechuga, tienen un papel importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares, ya que contribuyen a reducir el colesterol y los triglicéridos, ayudan a controlar la presión sanguínea, tienen propiedades antiinflamatorias y actúan como mecanismo de prevención ante arritmias y trombos.

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