Un aroma puede decir lo que las palabras no alcanzan: por eso, cada diciembre, las fragancias vuelven a convertirse en el regalo más íntimo y universal. Cada Navidad hay un gesto que se repite: el de envolver un perfume para regalarlo. Es un clásico que atraviesa generaciones, pero no por costumbre, sino por emoción. Para la perfumista Sandra Iruela, una de las voces más reconocidas del sector, la razón es evidente: "Regalar un perfume es regalar un recuerdo. Es ofrecer algo que va a emocionar cada día".
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