En otoño los árboles caducos ven cómo sus hojas se desprenden dejando al descubierto sus ramas puntiagudas, y de forma similar a este fenómeno de la naturaleza las cabezas de los humanos tienden a experimentar una pérdida de lo que más llamativamente las cubre: el cabello. Pero, ¿por qué? Pues parece ser que este hecho “se debe a que durante el verano, para proteger la cabeza, el pelo se engrosa y gana en densidad. Sin embargo, en otoño, al alejarse el sol de la tierra, el efecto beneficioso que tienen las ondas lumínicas desciende y el pelo pierde algo de calidad”, así lo cuenta a Claves de Mujer, el doctor Juan Ruiz Alconero, director médico de Capilae y médico cirujano capilar.